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domingo, marzo 18, 2007

10) Letras y palabras

Vicente Herrera Márquez

¿Cuántas letras tiene el abecedario?

La verdad que no son muchas.
Son tantas como los días del mes mas corto del año,
o tan pocas como las noches que dura un ciclo lunar.
¿Y como siendo tan pocas dicen todas las palabras?
Dicen vida y de repente dicen muerte.
Dicen virgen, niña, hembra, dicen puta y dicen madre.
Dicen bondad, solidaridad, ayuda, limosna y dicen maldad.
Dicen niño, joven, hombre, viejo, anciano y carcamal.
Dicen gritando libertad y democracia o tiranía y opresión.
Dicen ¡Qué lindo! ¡Hermoso! ¡Feo! y ¡Es una mierda!
Dicen bienvenido y muy pronto dicen adiós.
Dicen te amo y al poco rato dicen ya no te quiero.
Dicen amor, dicen desamor, dicen pasión, dicen razón.
Dicen ¡Hola te estoy esperando! Y también Perdón no te puedo atender.
Dicen ¡Ven toma mi mano! Y al poco andar ¡Vete, no me sirves!
Dicen todas las palabras, a veces con enojo, a veces con cariño.
Alegres o amargadas, pidiendo o exigiendo, ofendiendo o alabando,
expresando verdades enteras, a medias o simplemente mintiendo.
Son solo veintiocho letras y están en todo el mundo.
En todos los libros, sagrados, no sagrados, mundanos y tratados.
En revistas, en panfletos, en sentencias y en cartas de amor.
Las usa toda la gente, en la casa, en el trabajo, en la escuela.
En la calle, en la iglesia, en un mitin y en un motel.
Hablando o escribiendo todos las sabemos usar.
Y además, tienen otra gracia: hablan todos los idiomas.

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domingo, diciembre 17, 2006

9) Experiencia, juventud y mercado

Vicente Herrera Márquez

Hace un tiempo puse un aviso en los diarios y también en Internet que decía lo siguiente:
Ofrezco experiencia o de lo contrariocambio años de experiencia por años de juventud.
Hasta este momento no he tenido ninguna respuesta, parece que la experiencia no es mercancía de fácil venta en el mercado de hoy y como se que es mas cotizada la juventud por ello ofrecí cambio, pero, parece que nadie cambia juventud por experiencia, por lo que deduzco que hoy el mundo solo requiere juventud y nadie quiere venderla o hacer un trueque.
Por ello es que quiero cambiar experiencia por juventud.
Sí, yo ofrezco los años de experiencia, uno de experiencia por uno de juventud. A decir verdad es posible que en el momento de la transacción quien este dispuesto a hacer el cambio considere que no es realmente una buena experiencia la que estoy ofreciendo, todo es conversable, en todo se puede llegar a un arreglo, las reglas del comercio no ponen trabas para ello. Podríamos hablar de uno y medio por uno o uno y tres cuartos por uno y quizás hasta dos por uno, pero necesito conseguir algunos años de juventud.
Claro está que yo también pondré mis exigencias, a quien pida más años de los míos por cada uno de los suyos.
Pediré y exigiré mas cualidades de ese año de juventud que me ofrezcan a cambio.
Exigiré mente clara, cuerpo sano, virilidad probada, capacidad de trabajo, potencia sexual, libido impaciente y algunas otras cualidades y condiciones. Esto es una transacción comercial, por lo tanto se que debemos respetar las leyes del libre mercado y de la oferta y la demanda y por otro lado en el pedir no hay engaño.
.................................................................................
Saben, pensando mejor y con la mente fría estoy considerando que no debo insistir en este trueque, puesto que la juventud que me puedan ofrecer carece de algo que yo no había tomado en cuenta, al hacer ese cambio por supuesto que voy a ganar juventud pero voy a perder experiencia (experiencia que me costó ganar) y al poner en la balanza ambas mercancías, esta no se mueve y aparentemente las dos pesan igual, por ello estoy pensando seriamente que me voy a quedar con mis años a los que voy remozar y vitalizar con una gran cuota de voluntad, otra de deseos de vivir, restablecer algunas metas dejadas de lado, utilizar los medios puestos a mi alcance por la ciencia y la tecnología y solicitar de quien este a mi lado también ponga su parte, que serían unas pequeñas cuotas de cariño y amor y otras de risas y alegría.
Veo que después de agregar todo ello, la balanza se mueve considerablemente hacia el lado de la experiencia. Por lo tanto, no tengo donde perderme.
Mejor que aquellos que tienen juventud sigan luchando y trabajando para que logren su propia experiencia. Yo he decidido quedarme con la mía y no la cambio ni por cien años de juventud.
Ya no les conté y tampoco pretendo hacerlo para que querría algunos años de juventud, pueden pensar lo que quieran, pero si estoy seguro que con las cuotas necesarias voy a suplir con largueza la juventud sin experiencia que pudiera haber transado en el mercado.
Agradezco la atención que pudieran haber brindado a mi solicitud de trueque aquellas personas interesadas. nuevamente muchas gracias y ahora a poner a prueba la experiencia ganada con todos los años de mi juventud, la que a pesar de los años aún esta vigente y sigue ganando experiencia.

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8) Gracias al computador, a Internet y a las letras

Vicente Herrera Márquez

Pienso en años pasados, pienso que siempre estuvo en mí el deseo de escribir, el ansia de usar las letras aprendidas de niñez en algo más sublime que la comunicación en el ámbito laboral y en el medio cotidiano.
Hace tres años me puse a escribir tratando de reinventar el tiempo del tiempo y ocuparlo en tejer poemas e hilar historias con esas “Benditas letras de amor” como las llama una querida poetisa, amiga del alma.
Es cierto, benditas letras, ustedes han traído a mi vida momentos inolvidables y rebosantes de fragancias lejanas, de caricias ansiosas, de susurros solitarios y de mas amor por las letras y sobre todo ganas de vivir y vivir en plenitud, aunque esa plenitud tan solo se logre en un plano virtual, pero sin desechar de que algún día no muy lejano se transforme en realidad. Es cierto que para ello el camino no es fácil, hay que soltar amarras, hay que desafiar convencionalismos, hay que navegar contra la fuerza del viento y sobre todo hay que liberarse de los miedos internos que dominan nuestras ansias de transformar sueños en realidad y el temor natural de perder.
Bendito también es ese medio moderno que entretejió y pavimentó esa enmarañada red de carreteras virtuales que nos transportan en instantes a los lugares y parajes mas alejados y donde sin este medio nunca habríamos llegado.
Computación e Internet, vehículo y carretera que nos permite movernos en el mundo cibernético. Si no hubiera sido por ellos yo nunca habría escrito poemas y cuentos, nadie habría conocido mis inquietudes y nadie en el mundo habría dado unos minutos de su vida para establecer comunicación conmigo…
Las letras, la pantalla e Internet me brindan la posibilidad de soñar y sueño que soy parte de otros sueños. De sueños lejanos en los que es posible que yo sea parte de ellos. Quiero creer que soy yo y me dejo llevar en el ensueño y juntos recorremos extensos caminos exóticos saboreando los placeres que se nos brindan pródigos y placenteros.
Benditas letras que me permiten soñar y me permiten llegar a creer que soy yo quien te acompaña en tus sueños...

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7) La distancia y los medios

Vicente Herrera Márquez

La distancia y los medios modernos de comunicación muchas veces distorsionan y confunden la realidad en lo relativo a la percepción de la comunicación y la expresión de los sentimientos. Más aún cuando en esa expresión usamos la metáfora y en ningún momento algún nombre o seña que identifique al verdadero destinatario.
Por lo tanto aquella comunicación se transforma en una expresión impersonal y a la vez se personaliza en cada uno de aquellos que tienen acceso al medio que la porta, es decir lo que originalmente era o pretendía ser un mensaje personal y único se transforma en una misiva con cientos y miles de destinatarios, los cuales podrán llegar a sentirse, cada uno, únicos e importantes y creerse el cuento de que son la persona que estaba en la mente de quien generó la comunicación.

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6) Volar

Vicente Herrera Márquez

Para caminar o correr por los caminos construidos por la ambición del hombre y sus ansias de figurar, aquellos que nacemos faltos de las cualidades o herramientas para movernos en ese mundo no nos queda otra alternativa que aprender a volar, no para competir con los que corren, sino que para escapar un poco de aquella vorágine impersonal, alienante y destructora.

De muy pequeño aprendí a volar, no se cuanto pero me costó hacerlo, cuantas veces caí apenas remontaba en el aire, pero a fuerza de ignorar otros deseos y apremiado por circunstancias, por largas horas lograba elevarme y mirar mi comarca desde arriba y a vislumbrar lejanas fronteras que se dibujaban en el horizonte.
Mientras otros niños corrían en monopatín o discutían sobre atributos y pertenencias yo me elevaba para verlos competir o alegar por un primer lugar. Ellos no se daban cuenta que yo los observaba desde arriba y pensaban que me quedaba en la línea de partida con las ganas de competir, no notaban que yo volando había llegado a al meta mucho antes que ellos.
Cuantas veces en vuelo silencioso acompañe a la niña mas linda del pueblo que se desplazaba en su brillante bicicleta, sin que ella se diera cuenta de mi aérea y protectora compañía.
Otras tantas competía en piruetas con mi propia cometa que yo mismo elevaba y dejaba anclada al alguna pesada piedra allá abajo en medio de la ventisca, mientras arriba nos trenzábamos en competencias de destrezas las aves, la cometa y yo.
Fueron muchas la veces en que me animé y aventuré llegar mas allá del horizonte, que posado en tierra se veía distante y bastante más allá del horizonte que veían mis pequeños camaradas.
Con el paso del tiempo, los compromisos del entorno, las realidades de la vida, la presencia de la imagen, el temor al ridículo, y otras circunstancias que no permiten volar en vuelo libre sin arriesgar que a uno lo condenen por ir contra el orden establecido, las alas se fueron atrofiando hasta que llegado un momento solo eran un muñón de recuerdos.
Pero cuando los años pasan, los compromisos de diluyen, las realidades de hoy son distintas a las de ayer, ya se perdió el temor al ridículo e incluso uno a lo largo de su vida se ha ganado el derecho de volar, los muñones comienzan nuevamente a trasformarse en alados pliegues que primero con dificultad y luego con entusiasmo desbordado nos elevan nuevamente a las alturas y desde allí comprobamos que podemos ir batiendo nuestras alas a todos los rincones del mundo y a todos los rincones de nuestra vida y revivir y traer al presente las visiones de todos aquellos vuelos que por años mantuvimos escondidos.

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sábado, mayo 20, 2006

5) Charchas con papas y especies

Vicente Herrera Márquez

Era hora de almorzar, sentía apetito, por no decir hambre, por lo tanto me dispuse a cocinar algo, ojalá sabroso, de acuerdo a mis condiciones de jubilado en Chile.
Tenía en el refrigerador una carne barata que había comprado en el supermercado hacía ya como un mes, un corte que se llama charcas, explico que es esto de las charcas para aquellos que no comen carne y para aquellos que solo comen asiento, costillar, lomo o filete.
Charchas es aquella carne que se obtiene del cogote del animal (vacuno en este caso). En la parte inferior de las quijadas y el comienzo del cogote, la parte suelta que cuelga y se mueve rítmicamente con el trote del animal es lo que se llama charchas. Esto es en Chile, me imagino que en otras latitudes del mundo tiene otro nombre.
Para mejor entender estas vienen siendo lo que en los humanos llamamos papada, la cual realmente no se como es para hacerla a la olla, hasta aquí nunca la he comido, (creo que podrían comprarse en alguna clínica de cirugía estética, quizás hasta las regalen, a menos que se las lleven sus dueños).
Ya antes había cocinado esta carne y siempre me quedó dura (la carne), por lo tanto innové la forma de hacerla
Explico: después de deshielarla y sacarle algo de grasa (colesterol del malo y triglicéridos) en lugar de sofreírla con cebolla, ajo y otras especies como siempre lo había hecho, opte por cocerla en agua con sal, pimienta, laurel y romero. Mientras en otra cacerola puse a sofreír cebolla, ajo y zanahoria picados, también agregué pimienta y una pizca de comino, cuando note que la carne estaba blanda la fui colocando en la olla del sofrito trozo por trozo a esto le agregue unas papas peladas y trozadas, probé como estaba de sal, tuve que agregarle un poco, tape la olla y a cocinarlo.
Probé el caldo que había quedado en la otra olla, lo encontré de un sabor muy agradable a mi paladar, por lo tanto le agregué un puñado de arroz y a cocinar una sopa.
Media hora mas el almuerzo estaba listo, preparé una ensalada de pepino y tomate y a la mesa. Sinceramente la sopa estaba sabrosa y la carne blanda y jugosa. Todo esto acompañado de una copa de vino tinto.
Otro día espero contar como resulta un estofado de papada marinada en especies. (Si es que consigo y además que no sean de un “animal” viejo y no se las lleve el dueño)

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lunes, mayo 15, 2006

4) Al vino le gusta hablar

Vicente Herrera Márquez

Tomo un sorbo de vino y me dan ganas de hablar, hablar de esto y de lo otro, hablar de ayer y mañana, del partido de fútbol, de la reina de belleza, del político de turno, de Dios, del Diablo, la vida, la muerte o del buen vino y las buenas minas. Hablar de tantas cosas, si hasta ganas de hablar de amor me dan, miro a mi alrededor buscando interlocutor o interlocutora, según lo que quiera tratar, y no hay con quien hablar.
Unos no quieren, no les gusta conversar. Otros quieren conversar y no saben de que hablar. Muchos quieren y saben pero por algo no pueden y se abstienen de decir.
Parece que la mayoría esta por vivir callado o mirar televisión. Otros en vez de hablar andan rompiendo vidrieras y hay otros que por hablar les puede costar caro y por ello prefieren callar. Entonces ¿Dónde estamos? Nadie quiere hablar.
¡Y yo queriendo hablar!, claro que es por el vino, termino esta botella, me voy a dormir y mañana soy otro igual y lo mas probable es que no quiera conversar.

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sábado, diciembre 03, 2005

3) Es el momento...

Vicente Herrera Márquez

...de escribir algo mas directamente desde el editor de entradas, ya que desde que creé este blog he estado subiendo parte de lo que tengo guardado en el archivo de word y no me he puesto a escribir algo en el momento.
En mi nota de introducción, cuando inicié este experimento comenté que eran pocos los conocimientos que tenía en relación a páginas, blogs, editores, html, etc. Bueno, ésto sigue siendo igual, pero algo he aprendido; por ejemplo: aunque sencilla,armé y subí una pagina web y creé un blog para una hija, todo lo hago guiándome por la ayuda de los programas y mucho por las páginas de los colegas bloggers que ayudan a ésto. Poco a poco me voy introduciendo a este mundo cibernético.
Para lo que yo quiero, que es dar a conocer en estas "PáginaS al VientO" todas mis inquietudes literarias, creo que con lo aprendido, que si bien es cierto no es suficiente, por lo menos puedo llenar páginas virtualmente.
Otra de mis razones, con este medio, es poder lograr alguna comunicación con el pasado, es decir con el presente del pasado cercano. No se crea que estoy hablando de esoterismo o fenómenos paranormales, los cuales tambien me interesan, sino que de algo más real y posible.
Nací, crecí y viví mi niñez y adolescencia en un pueblito perdido en la inmensidad patagónica, llamado en esos tiempos: Colonia Las Heras. Hoy tengo 64 años y hace casi cincuenta que me alejé de aquel terruño y nunca mas volví.
He buscado en la web alguna página que me comunique con ese pasado y no he podido encontrarla. He escrito al correo electrónico, que es lo único que he encontrado, de la Municipalidad del pueblo (hoy ciudad), pero parece que a nadie le interesa las reminiscencias de un viejo, deben ser todos jóvenes eternos, bueno yo tambien lo fui.
Sí he encontrado acogida en una página de otra ciudad de la patagonia: Crónica Literaria del diario Crónica de Comodoro Rivadavia, pero parece que a Las Heras no llega este diario o nadie lee, en el pueblo, el suplemento literario, ni en papel ni en internet.
Poco a poco iré escribiendo y describiendo mi periplo y subiendo el archivo de word.

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domingo, noviembre 13, 2005

2) Mensaje al viento Kóshkil

Vicente Herrera Márquez


Soy la pequeña y susurrante brisa, que a las veletas no las inquieta;

soy del valle o la montaña, según de donde venga, depende donde vaya.
Soy la ráfaga mensajera de los vientos, que la rosa recorre sin cesar;
la que viaja por Cáncer, Capricornio, también Meridiano y Ecuador.
Soy la portante de mensajes, de los vientos que arrasan o acarician;
de los cálidos y ululantes y también de aquellos fríos y bramantes.
Soy confidente de los suaves y húmedos Céfiros y Auras por igual;
también del Monzón con el Siroco, además del Cierzo y el Mistral.
Conozco y soy aliada del Pampero y los Alisios, Tramontana y el Simún.
Saben de mí las tormentas boreales, las australes tempestades y
los vientos borrascosos, horadantes de roca en el norte y en el sur,
que con cinceles de hielo, acantilan costas y fiordos en muro colosal.

Viniendo del norte y del oeste, escalando montañas y trepando volcanes,
señor de llanuras y mesetas: Kóshkil, viejo, fiero y grande ogro patagón,
hoy paso a saludarte y darte un mensaje que en mis ondas traigo para ti.
Sabiendo de mí paso por tus tierras en demanda del Antártico glacial,
desde Arauco, allende el colosal Ande, el Puelche tu hermano viento,
que baja de la montaña y azota al pueblo mapuche en su camino al mar;
ayer, tarde de julio, con sol de invierno, muy airado, de un soplo lo redactó.
Llevadlo dijo: lo más pronto, por las corrientes, que sepa el viento del sur:
Hoy en mis tierras, con canas añosas, se encontraron dos hermanos.
Había distancias que no las andaban, caminos que no transitaban.
Pero si se acordaban de un viento fuerte, que hace una vida, los separó.
Y ese viento, vientos del mundo, quiero que sepan que fue el Kóshkil.

No estaban tan lejos, sabían de ellos, a un tercio de día, no más que eso.
Distancia de años, voces silentes, encuentros truncos, cariño inerte.
Quizás fue el viento, que hace ya tiempo, por dos caminos los arrojó.
No hubo lágrimas, ningún lamento, ningún reproche, ningún tormento.
Los dos pensaron que fue aquel viento que el carácter duro les modelo,
Recordaron, que de muy niños, el regazo materno el viento se los quitó.
Mas adelante al pobre padre, también con saña, un día de otoño, se lo llevó.
Ese maldito viento que a dos retoños, por patagonia, solos, echó a volar.
No te preocupes, viejo perverso, no te maldicen ellos, lo hago yo.
Yo soy tu hermano y tengo derechos, pues, hijos de Eolo somos los dos,
y todos los vientos, muy bien sabemos, por esta brisa que comunica,
que tú no quieres a los que llegan, ansiosos, de echar raíces en tu región.

Pero no importa viento Kóshkil, ellos no te maldicen, ni te reprochan.
Quizás te añoran y talvez quisieran sentir en su cara tu ventarrón.
Mas te agradecen que hayas curtido su cuero, cual del piche, caparazón;
que con tu soplo, modelaras facciones, escultor soberbio de vibrante voz;
y en carrera, cual maras, por las llanuras, a sus pies les dieras celeridad.
Que con tu frió cortante convirtieras sus manos en herramientas de modelar.
Te agradecen que a sus ojos los dotaras para ver de cerca y en lontananza;
que a sus oídos dieras, aunque en trueno resonaras, silencio para escuchar;
y a sus cuerdas vocales y gargantas brioso caudal de voz que derramar.
Que abrieras sus pensamientos a todas las posturas, ideas y creencias;
enseñaras a sus mentes, a idealizar quimeras y también vivir la realidad;
y que dieras a sus pechos capacidad y resonancia, para gritar libertad.

Se acordaron, entre risas, de las boinas y pelotas que hacías tu rodar;
y aquel barrilete hermoso, de mil colores, que les quitaste una navidad.
Recordaron el calafate, la mata negra, amarilla, la corralera y el avestruz.
Con cariño, la gente buena, que en los momentos de mas penuria, los cobijó.
Nombraron a las maestras, todos los nombres, Julia del Carmen sobresalió.
Añoraron los fríos inviernos, la nieve, también la escarcha y la cerrazón;
en el día corriendo por cañadones y en la noche rascando los sabañones.
También se acordaron del mate amargo, el puchero, la polenta y el pororó;
noches heladas, calentadas con brasas de leña y alumbradas por un candil.
Con nostalgia, se acordaron de aquel pan dulce y la sidra por navidad;
y el Día de Reyes que celebraban, con juguetes, que a todos los niños pobres
Evita, todos los años, les regalaba y en tren llegaban al correo o la estación.

Por eso soberbio viento del sur, todos los vientos del mundo te lo pedimos:
Mueve veletas, gira molinos, silba entre ramas de molles y espinos
eleva cometas, arrea guanacos, reseca las pampas, arrasa mesetas.
Destruye estructuras caducas y añejas, derrumba los muros de la arrogancia;
con suavidad mece las cunas y con violencia remece inconciencias.
No derribes al débil, respeta a los niños y techos que cobijan pobreza.
Mas nunca, te pido, hermano querido, dividas caminos, separes hermanos
Para que siempre, nadie, te diga maldito y todos te nombren: viento bendito.
Y aquí termina el mensaje que el Puelche, enojado, me pidió traer.
Si tú quieres por aquí vuelvo y respuesta a tu viento hermano, puedo llevar,
si no sigo por las corrientes, llevando y trayendo mensajes a todos los vientos;
de norte a sur, del oeste al este; siendo, para ellos, el heraldo de todo avatar.

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1) Llegó el momento

Vicente Herrera Márquez

Durante la trayectoria, de décadas que se cuentan con más de los dedos de una mano, viviendo en este mundo, siempre quise escribir. Pasaban los años y siempre decía: mañana comienzo. Pretextos no faltaban para posponer el intento y resulta que siempre era mañana, nunca llegaba hoy.
Ahora parece que llegó, despues de tantos años, con cientos de experiencias a cuesta y poco pelo en la cabeza, pero aún con ánimo. Creo que es el momento de comenzar.
Con la edad, los achaques propios de ella y la jubilación estoy sintiendo que llegó el hoy para escribir. Espero que este hoy se prolongue largamente hasta mañana... para alcanzar a realizar este sueño, y lo que alcance a escribir, lo ire vaciando en este blog.
Gracias a toda aquella persona que se detenga, aunque sea un minuto, en estas páginas, antes que se las lleve el viento...

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